La birula no tiene la culpa

Ahora todos los medios de comunicación se bajaron los calzones tras el robo que sufrió el ciclista hispano colombiano Óscar Sevilla, hace una semana. Formaron tremendo escándalo porque un famoso era víctima de atraco, y fueron muchas las exageraciones dichas en las secciones deportivas de los noticieros de televisión, radio, prensa escrita e internet. Mejor dicho, se hizo más énfasis a la tragedia sufrida por un extranjero y no al hurto de una bicicleta.
Este hecho deja tres temas abiertos: El amarillismo con la cual se presentan algunas realidades en los medios de comunicación, amarradas a la subjetividad de algunos periodistas (directores y reporteros), por otro lado la desbordada inseguridad en Bogotá y además la falta de cultura ciudadana frente a los deberes y derechos en el uso de la cicla.
La barahúnda por el asalto a Sevilla causa una doble carambola. Los noticieros hincharon al máximo la noticia sobre un famoso extranjero (campeón en tres oportunidades de la Vuelta a Colombia) víctima de atraco. En otras palabras: «Que pena con usted», «no se imagina la vergüenza», «que horror, que horror, que pena». Pero vaya un civil, como usted o como yo, y ojalá sea indígena, negro, boyaco o pastuso, denuncie en un noticiero la sustracción de su monareta, o una bicicleta de 150 mil pesos, y además exprese: le cascaron, jalaron de su pelo, mentaron la madre y adueñaron de sus otras pertenencias... y verá si le paran bolas. No van a sacar las cámaras, móvil y asolear a la periodista bonita de dientes perfectos para hacer una nota así... ¿por eso no más?. Como no genera publicidad... pues... La disculpa de los noticieros es, la víctima es un eminente ciudadano extranjero, referente de multitudes, visitante ilustre, y es la imagen de Colombia ante el mundo la que está en vilo. Y el caso del pobre sujeto, anónimo, no importa. La solución es acercarse al Centro de Atención Inmediata más próximo y radicar su queja.
No nos digamos mentiras, los medios tienen una mirada global de los problemas de la comunidad. Entrevistan al ciudadano transportado en su cleta para preguntarle: ¿a usted lo han robado? ¿cuántas bicis le han hurtado?. Lo hacen para justificar las cifras arrojadas por los estudios de la Secretaria de Movilidad o Seguridad y que urgentemente se necesitan comunicar a la opinión pública. Pero nada más.
Con la nota de Sevilla se pudo apreciar la siguiente recomendación: Que esto no le pase a usted. Bueno, de cierta manera son objetivos, pero sí debería haber una sección, o programa, donde el ciudadano pueda denunciar la apropiación indebida a su caballito de acero. Un minuto donde cinco personas a diario denuncien. Así habría más democracia. Más presión para las autoridades. Mejor justicia. Algo similar a lo hecho por Caracol Noticias con su sección El Periodista soy yo, o el Cazanoticias de RCN... sin duda el invento más inteligente producido por el periodismo nacional.
Es más, deberían dejar de emitir tanta novela basura (nacional y extranjera) y realities fofos, que solo buscan embrutecer a la sociedad y lucrar a anunciantes y dueños de medios, y así generar espacios donde el ciudadano denuncie. Yo sería su primer seguidor. Siete minutos a la semana o un programa de media hora semanal sería justo. ¿Lo harían los canales nacionales? Lo dudo. Ellos argumentarían: Eso no da dinero, no da plata y mucho menos audiencia.
En mi concepto el robo de bicicletas, en Bogotá, se ha convertido en toda una calamidad pública. Poco trasciende porque muchos afectados no denuncian, bien sea por pereza, papeleo engorroso, no tener papeles al día o por miedo.
Que roben a un ciudadano está dentro de las condiciones normales de hábitat. Obviamente no debería ser así. Es cotidiano que se lleven una bicicleta abandonada. Toda la vida han secuestrado, desvalijado y revendido ciclas. A mí me robaron un triciclo amarillo con campanilla y platón... en la narices de mis papás. ¿Pero armar un escándalo porque el tipo es español?
Sevilla tiene la culpa. ¿En dónde vive? ¿En qué sector del universo transita? ¿Acaso ve noticias? ¿Escucha 6AM Hoy por Hoy, La FM o a la voz ronca de julito Sánchez Cristo? ¿Leerá El Tiempo? ¿Interactúa en Facebook? ¿Habla con sus familiares colombianos? ¿No se acordó que estaba en Bogotá?
Digamos las cosas como son: La culpa es del ciclista español. A quién se le ocurre salir a la calle a las cinco de la mañana a entrenar solo, sin la compañía de colegas ciclistas o de familiares, y con una bicicleta avaluada en treinta millones de pesos. Fue bastante ingenuo de su parte pensar que iba a transitar sin llamar el interés de algunos ciudadanos de poca honradez.
Dio papaya. Los ladrones lo tenían marcado. Era solo cuestión de tiempo. Su inocente decisión le costó: le robaran la burrita (ya apareció), se rompiera un brazo en tres partes, se magullara algunas costillas, raspones en las rodillas, moretones en la cadera y perderse parte de la temporada. Además del susto tan berraco que soportó. Claro, es ciclista, no karateca y mucho menos acróbata. Sin duda no volverá a entrenar en las calles de Bogotá rotundamente solo.
Lo cierto es, que estamos lejos, pero lejos, de ser una urbe inteligente para el uso de la bicicleta como medio de transporte.
Según cifras de la Secretaría de Seguridad Distrital se robaron el año anterior 3.133 birulas.
Pero la inseguridad no solo es sinónimo de ladrones, también es generada por la falta de cultura ciudadana.
Desde la infancia disfruto de la bicicleta. De lunes a viernes, en la mañana, le dedico cuarenta minutos al ejercicio en mi caballito de acero (de mi hermana, la mía se pinchó un año atrás y así se quedó), y pedaleo en un circuito de cinco kilómetros cuatro cientos metros. En redonda a mi casa y el cual giro varias veces. Una parte de ese trayecto es sobre el andén de la Autopista Sur, sentido sur-norte, que es utilizado por los biciusuarios como corredor. Todo porque la cicloruta, en el otro costado, está semi invadida por los vendedores de flores (cementerio El Apogeo) y cortada por varios puentes peatonales. Sobre el andén la movilidad es un caos total. Hacer el recorrido entre las avenidas Bosa y Villavicencio es de alto riesgo. No es una exageración. Mis colegas ciclistas (ellas y ellos) que avanzan a sus respectivos trabajos o actividades, van como alma que acosa el diablo. A toda velocidad, no respetan los pares de la cicloruta, se imponen a los autos (sin importar el tamaño) que buscan tomar la autopista, se atraviesan a las otras mucas, cierran y atropellan a los peatones y no se bajan de las ruedas para transitar sobre los puentes peatonales. Es un total alboroto. Aclaro, hay mucha gente conduciendo prudentemente sobre su vehículo de pedal y cadena.
Sin duda es poca, mínima, la cultura en muchos capitalinos a la hora de navegar en su velocípedo.
Es de resaltar el interés de la administración Peñalosa por impulsar la cultura, pero no creo sea suficiente con imprimir el Manual del Ciclista, sobre todo cuando una importante facción de la población no le da importancia a la lectura y menos a cumplir con la norma. ¿Es bueno el esfuerzo? Sí, es bueno. Pero no vasta. No es suficiente. El manual por si solo no sirve si no cuenta con un policía al lado. Bolillo en mano. Desafortunadamente es la realidad. Si no tenemos la autoridad cerca pues se busca cómo hacer la trampa. Si no haga memoria con el tema de los colados en Transmilenio. Es obligatorio que haya un funcionario de movilidad, o un Policía Auxiliar (iba a decir chúcaro pero me dio pena) o de Tránsito, para imponer el orden. Pero dudo que haya interés (recursos) de la alcaldía por tener un cuerpo policial especializado para la cicloruta.
Y para terminar, a pesar de que hay más de cuatrocientos cuarenta kilómetros de cicloruta por toda la ciudad, debo decir, como usuario, que el mismo corredor es un problema para el ciclista. En algunos sectores es peligroso. En parte es culpa del diseño. Muchas se convirtieron en una trampa para el ciclista mismo, por estar mal trazadas, con superficies inapropiadas, con hundimientos, elevaciones por raíces de árboles aledaños, obstruidas por rampas de entrada a edificios, bolardos mal ubicados, sectores mal señalizados y sin ellas, tramos sin iluminación, con alcantarillas sin tapa atravesadas y en muchas oportunidades obstaculizadas por autos parqueados.
Esa es otra pata que le nace al cojo: hay bogotanos que bloquean la cicloruta con sus autos. Es un tema a trabajar para la administración de Enrique Peñalosa y próximos alcaldes: educar a la sociedad para respetar a los biciusuarios y sus espacios. Y viceversa. Yo he visto como los conductores atropellan a los ciclistas. Lo hacen con intencionalidad... después argumentan: ¡¡¡no lo vi...!!! Seguramente les damos fastidio. Sin embargo debo decir, hay choferes respetuosos al hacer el cruce compartido pues hacen el pare para cederle el paso al ciclista. Cuando noto esa actitud les muestro mi puño con el dedo pulgar erecto y les digo: Gracias maestro... o maestra.
Hay mucho por aprender. Los bogotanos debemos aceptar que, poco a poco, el automóvil pasará a segundo plano, sea por cuestiones de espacio o movilidad. Cada vez somos más ciudadanos y menos el espacio para vivir bien, con tranquilidad y sanamente. Y la bicicleta, como otros mecanismos amigables con el medio ambiente (metro, carro eléctrico y teleférico), son el futuro.
Nota: Lo único que no me gusta de salir temprano a montar bici es el respirar un aire tan contaminado. Todos los días termino oliendo a ACPM... o a manteca. Y segundo, el tener que soportar a un racimo de perros callejeros durante un buen tramo, pues les parece divertido intentar morderme un teni. Detrás de mí va uno o dos perros con la lengua por fuera. Ellos se esconden en las esquinas... o en las curvas... agazapados me esperan.



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