Garzón vive

Con la emisión de la novela «Garzón Vive» retorna a la opinión pública uno de los personajes más significativos de la cual gozó la sociedad colombiana: el abogado, periodista, humorista y crítico político Jaime Garzón. Y más allá de calificar si la serie es fiel a la realidad o no, si las historias que se cuentan se ajustan a los principales hechos de su vida o no, lo importante es, recordar el mensaje de un colombiano que dio su vida por exigir democracia e igualdad.

A Jaime Garzón no sólo lo mataron por haberse convertido en una molestia para un grupo de personas alzadas en armas ilegalmente, con la posible iniciativa, solapada, de militares y políticos. Lo asesinaron porque se convirtió en la aguda conciencia de los colombianos. No es un secreto que el establecimiento siempre ha buscado acallar a la población, de alguna manera. Recuerde usted como el ex presidente Belisario Betancur le cerró el pico a todos los medios de comunicación del país durante la toma y retoma del Palacio de Justicia (1985). «Quien siga contando lo que ocurre en Palacio se le retirará la licencia», impuso Noemí Sanín, Ministra de Comunicaciones por entonces, por lo cual los colombianos resultamos ese miércoles (6 de noviembre), en la noche, observando cómo los canales nacionales se arrodillaron ante el Estado, fijaron la mirada hacia otro lado, y en vez de relatar lo que ocurría frente a la Plaza de Bolívar, decidieron transmitir, en vivo y en directo, un juego de fútbol: Los Millonarios vs Unión Magdalena. Semejante situación vivió la radio nacional que suspendió todo boletín informativo para cumplir con la orden y seguir con su programación habitual. Pero la misma bofetada la recibió el establecimiento cuando el narcotráfico le cerró la boca a importantes personajes de la vida nacional. 

Ejemplo Rodrigo Lara Bonilla (Ministro de Justicia), Guillermo Cano Isaza (Director de El Espectador), Luis Carlos Galán Sarmiento (candidato presidencial), entre otros ciudadanos que enfrentaron a la mafia con la única arma disponible: la palabra. Y pagaron, a manera de mártir, con sus propias vidas. Recuerde que el verdugo de estos hombres fue el matrimonio entre narcotraficantes y políticos. Igual le sucedió a la izquierda con los asesinatos de Jaime Pardo Leal (Unión Patriótica), Bernardo Jaramillo Ossa (Unión Patriótica), Carlos Pizarro Leongómez (Alianza Democrática M-19), aspirantes presidenciales, entre otros, que fueron asesinados durante el plan de exterminio contra los integrantes de los grupos políticos de la guerrilla, por agentes del Estado en complicidad con paramilitares.

Si quienes asesinaron a Jaime lo hicieron con el ánimo de silenciar a una persona «incómoda», a modo de ejemplo, para que el país entendiera lo que le ocurriría a quien estuviera a favor de ideas izquierdistas, o exigiera a voz en cuello una mejor democracia... pues se equivocaron. Lo que hicieron fue perpetuar su discurso. Mire, después de 19 años de su muerte, la imagen del periodista sigue vigente y sus críticas al establecimiento se mantienen presentes.

Jaime tenía razón en muchas cosas, como la futura llegada del paramilitarismo al poder.

La novela ha sido criticada y hasta calificada de mentirosa. Dicho por algunos familiares de Garzón, mismos que proporcionaron gran parte de la información, y alegan que el canal cuenta la historia con varias alteraciones. Los hermanos del abogado terminaron enfrentados y enemistados por ello. Quizá se equivocó la producción, y el director (Sergio Cabrera), en contar la vida de Jaime a manera de caricatura o comedia. Quizá se cometieron errores en el afán por emitir, próntamente, la serie. Tal vez, bajo el interés de provocar impacto en el horario de máxima audiencia, con el único objetivo de lograr un buen recaudo en publicidad. Probablemente el canal tenga la mejor intención, pero con seguridad no fue lo que mucha gente esperaba, sobre todo aquellos que conocieron, apreciaron y compartieron con el comunicador.

A pesar de, para mí es positiva la serie porque goza de un interesante montaje, en especial de personajes y época, contexto que sin duda ha hecho reír... y reflexionar. Igual ocurre con el personaje central, claro, quitándole algunas exageraciones, logró representar el origen de Jaime Garzón, además: sus ideas, sensibilidad, humanidad, buen humor, ironía y la arrecha crítica social y política, con la cual, se quedó en la memoria de varias generaciones.

La novela tiene un importante valor agregado. Y es la de contarle a las juventudes, la trascendental relevancia del pensamiento crítico. Hago énfasis en pensamiento crítico. Cosa que no se logra cuando el materialismo, capitalismo, racismo, elitismos, ignorancia y el odio salvaje a las minorías, o contra quien piensa diferente, agobia la mente de hombres y mujeres. Garzón fue un crítico férreo, sin pelos en la lengua, de la realidad nacional. Usó el ridículo como arma, el humor como antídoto y con ironía criticó los viejos vicios de la sociedad y la política nacional dominante. Siempre con gracia y sátira opinó contra quienes no querían la democracia y la igualdad, realidad maltrecha a manos de algunos políticos y militares, apoyados por paramilitares y narcotraficantes.

Jaime Garzón, como muchos nacionales de a pie, sentía como propios los problemas del país, y no fue indiferente.

Imagino que muchos ciudadanos, de esos que no tienen sentido del humor, odian los chistes, rechazan a la gente graciosa y califican a lo gracioso como algo estúpido y mediocre, son los primeros en calificar la novela sobre el periodista y abogado como una pérdida deliberada de tiempo, recursos y energía. Téngalo por seguro que una importante sección de la política y la alta sociedad desprecia la serie, sobretodo, esos sectores a la cual Garzón siempre calificó como nidos de ladrones.

Que bueno ha sido que se esté presentado a nivel nacional la vida, obra y muerte de un personaje como Jaime Garzón, porque es, de los pocos, y hasta me atrevo a afirmar, el único crítico público que ha tenido nuestra sociedad. Sobre todo porque lo hizo de frente, sin miedo, con la cara al descubierto.

Críticos los hay, los hay, muchos son, pero tiran la piedra y esconden la mano... porque en su mayoría pertenecen al mismo sistema social y político. Son liberales, conservadores, del Polo, senadores, representantes, diputados o concejales. Pero con ellos no pasa nada.

Lo más significativo es, que su historia invita a que hayan más Jaimes Garzón en el país, más Jaimes Garzón en las escuelas, colegios y universidades, para que los chicos exijan mejores profesores, una moderna educación y dignas instalaciones. Más Jaimes Garzón en los medios de comunicación para que opinen, critiquen y denuncien, con buen sentido del humor, lo malo y lo feo de nuestro sistema político, militar y social, y más Jaimes Garzón en todas las escalas de la sociedad civil, para que haya un mayor número de colombianos que protesten abiertamente contra las injusticias, mentiras, excesos y derroches que se vive en el poder.

Necesitamos más Jaimes Garzón que estén a favor del ciudadano del común, y que desde la otra orilla, griten con autoridad: «Aquí, salvando la democracia maestro».


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