¿Colombia campeón del mundo Rusia 2018?
Era el tema central de una conversación ajena. Sé qué escuchar el diálogo de otras personas no está bien, pero es inevitable cuando se viaja en un articulado de Transmilenio. Hace unas semanas, cuando iba de camino a la localidad once de Suba, mi lectura se vio interrumpida por la charla que dos hombres sostenían. Se ubicaban a un par de sillas delante de mí. Hablaban de fútbol. El que iba junto a la ventana, un hombre menor de cincuenta años de edad, sostenía que la Selección Colombia tenía una nómina de lujo, por lo cual, era firme candidata a ganar el Mundial de Rusia (2018). El otro tipo, mucho mayor que él, de cabello cano y coronilla desnuda, a quien le calculo algo más de setenta años, no refutaba ninguna de las proposiciones de su interlocutor, solo anotaba comentarios, de carácter anecdótico, sobre este deporte.
Hablaban en tono alto. El menos viejo argumentaba que Colombia poseía una nómina compuesta por jugadores de primer orden, con experiencia en los torneos más importantes del mundo. Algunos ya con un mundial jugado, otros como protagonistas en los más relevantes clubes de la actualidad, como Bayern Munich, Barcelona, Mónaco, Juventus, Milán AC, Boca Juniors, Independiente Santa Fe, entre otros. Futbolistas de gran rendimiento y calidad. Según él había equipo para pelear el título. Su contertulio, complementó dicho argumento con una perorata sobre las últimas actuaciones del seleccionado nacional en los mundiales.
Aquella escena, me recordó la vieja costumbre de muchos aficionados al balompié: el triunfalismo. Es natural que todo seguidor, siempre, quiera ver ganador a su club, o en este caso, la Selección. Muchos esperan que el onceno dirigido por don José Pékerman realice una excelente labor. Sobre todo los expertos en el tema (periodismo) porque oí decir en uno de tantos programas deportivos que Colombia debe superarse a sí misma y mejorar lo hecho en Brasil 2014.
¿Colombia campeona del mundo Rusia 2018? Me parece una idea exagerada, sueño vago y demasiado traído de los cabellos. No estoy de acuerdo con semejante apetencia. ¿Por qué? Lograr un título es el resultado de un proceso futbolístico de orden nacional. Como el de Brasil, Alemania o Argentina, países con un desarrollo en este deporte de muchos años, de planeación, masificación e inversión. Y no el resultado de un accidente, como el ocurrido con Inglaterra en 1966, donde fue campeón y desapareció del mapa. Igual sucedió con el Once Caldas en el 2004 (campeón Copa Libertadores), quien era un club colombiano desconocido antes y después del título.
Tras bambalinas existe una serie de situaciones complejas que llevan a una selección nacional a ser LA MEJOR. En nuestra casa (Suramérica) tenemos el ejemplo de tres históricos campeones de la copa FIFA de mayores, como Brasil, Argentina y Uruguay. Ellos ostentan nueve títulos entre sí, de veinte disputados. Y a parte de jugar bonito su éxito está cimentado en una rica historia futbolística y políticas deportivas que involucran federaciones, ligas, dirigentes, clubes, la comunidad del deporte y la educación.
En esos países, quizá con muchos de los problemas que padece Colombia, a parte de querer ser los mejores, entendieron que para lograrlo debían generar procesos que aseguraran el éxito de futuras selecciones y clubes. Brasil ha demostrado esta teoría. Entendieron que debían promover toda una cultura futbolística. A la fecha los brasileños gozan de cuatro torneos de primera división, además campeonatos estatales con sus respectivas divisiones, dos copas regionales, entre otros, que dejan claro por qué son los mejores de la historia. Los anteriores son a nivel de clubes profesionales. Sin hablar de los certámenes de interligas, aficionados y recreativos. En esa nación hay campeonatos para todas las edades, desde chiquitines a viejos. Es toda una cultura. En otras palabras una fábrica de futbolistas.
Miremos los resultados: Brasil es cinco veces campeón de la Copa Mundo de mayores, más dos segundos lugares. Pero la victoria no inicia cuando arrancan las eliminatorias, y luego, tras el primer juego del Mundial. No, el proceso inicia muchos años atrás: En la categorías menores, donde los brasileños son súper competitivos. Ellos educan a sus futbolistas para ganar. Por ende lo han ganado todo: El mundial sub 20 dice que Brasil suma cinco títulos y ha terminado cuatro veces como segundo. Y en la sub 17 también ha logrado tres títulos y dos segundos lugares. En las copas suramericanas lidera la tabla de medallería: En el sub 20 tiene 11 títulos como campeón, en el sub 17 posee 12 y en el sub 15 también lidera con 4 títulos. Y en el caso de las chicas, ellas también brillan con luz propia. No han ganado el Mundial aún, pero han ganado seis de siete Copas América de Mayores. En la sub 20 han obtenido ocho títulos, de ocho torneos jugados y la sub 17 comparte el primer lugar, 2 títulos, con Venezuela.
Dice un refrán nacional: «Nos falta mucha cinta para el moño». Colombia podrá tener grandes jugadores, figuras internacionales, buen cuerpo técnico y procesos con jugadores profesionales, pero se falla en la masificación de este deporte. Una cosa es proceso de un equipo y otra muy diferente el trabajo con el fútbol en todo un país. Después de la clasificación a Chile 62 donde el país entró en carnavales tras el exagerada publicidad que se hizo sobre el empate a cuatro goles con la Unión Soviética, no volvimos a un mundial en veintiocho años. Igual ocurrió después del éxito de Francisco Maturana con la selección en el 90, 94 y 98... se terminó el proceso... porque se agotó esa generación talentosa. No hubo relevo generacional.
¿Donde están los torneos nacionales de indígenas? ¿Dónde están los torneos nacionales de afrodescendientes? ¿Dónde están los torneos escolares y universitarios realizados por la Federación o por la División aficionada?
Por estos motivos nos demoramos en volver a un Mundial, sólo hemos ganado una vez la Copa América, en tres oportunidades la Libertadores y en una la Suramericana. Los títulos obtenidos por los clubes colombianos en los torneos continentales es resultado de armar buenas nóminas, con jugadores de gran nivel, recorrido, y muchos de ellos con excelentes refuerzos extranjeros. Como fue el caso de América de Cali en los ochentas.
Mientras los brasileños y argentinos ganan los campeonatos nosotros seguimos soñando con hacerlo.
Inglaterra, a pesar de ser el inventor del fútbol y ser campeón Mundial de 1966, poco interés ha demostrado por ser nuevamente protagonista en la Copa Mundo y la Eurocopa. En esta última nunca ha jugado una final. Pero ahora, se presentan ante la opinión pública con un cambio de pensamiento, con un firme deseo de generar resultados. Vienen trabajando con las divisiones menores de su país, manteniendo procesos, buscando talentos y estimulando la práctica. Les está funcionando. Hoy son los actuales Campeones Mundiales Sub 17 y también en el Mundial sub 20. Todo en el mismo año (2017).
Esto indica que los ingleses entendieron que para ganar un mundial de mayores debe ser resultado de un proceso serio con niños, adolescentes y jóvenes, a largo plazo, donde también participen clubes, padres de familia, ligas, Federación y el Estado.
Créame cuando le digo que Inglaterra intentará ser el campeón del Mundial de 2022.
El fútbol colombiano está lejos de una hazaña de ese tipo. Se sigue pensando en contratar buenos técnicos, hacer millonarias inversiones en instalaciones y ofrecer fastuosos premios. Pero en mi opinión, sin desmeritar el esfuerzo que ha hecho la Federación Colombiana, a la fecha, y sumo a la Difútbol (División Aficionada) y la Dimayor (Profesional), también debería darse prioridad a convertir nuestro fútbol es una fábrica de torneos y de jugadores. Donde florezca el talento. Ya es hora que se tenga cuatro o cinco categorías profesionales. «Tenemos dos». Y torneos nacionales en todas las categorías amateur a nivel nacional. «Tenemos tres». Falta mucho. El esfuerzo lo hace la parte privada, los clubes, que por sí solos mueven masas, como el Pony Fútbol, la Copa Claro, etc.
¿Colombia campeón del mundo? Es el sueño de muchos colombianos, pero lo que importa es no sea el resultado de un accidente, sino porque el fútbol nacional se convirtió en una industria, sana, lúdica, recreativa y formativa de futbolistas. Cuando conquistemos un mundial sub 17, y luego el sub 20, entonces estaremos en carrera para ser los mejores del mundo.
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