El Presidente que esperamos algún día aparezca
Elegir Presidente, desafortunadamente, para muchos compatriotas no corresponde a estar de acuerdo con las propuestas hechas por los candidatos. Hoy, todavía, hay quienes escogen primer mandatario por el gran atractivo de su carisma, ser el más bonito de los aspirantes, porque representa a la gente buena, o es el rebelde esperado. Otros sufragan según ordene el partido. O sea, aún existen electores sujetos a la orden dada por el movimiento político del aspirante. No valen las ideas, se impone el color. Una importante minoría, entiende el voto como una obligación moral, creen le hacen un favor al país seleccionando a pinochazo limpio, y un grupo muy selecto se acercan a las urnas si les compran el voto.
Hasta el próximo 27 de mayo se vivirá una guerra total entre candidatos. Se están sacando los cueritos al sol, se dicen verdades necesarias, verdades a medias, mentiras relativas y hasta mentiras verdaderas, con el ánimo de influir en la masa electoral rival. Todos proponen, anuncian, argumentan. Dicen muchas cosas, viables o no, con el único fin de vencer al enemigo, asegurar votos para una posible segunda vuelta, sumar adeptos pensando en una futura campaña electoral, o terminar, cómodamente, en un buen cargo en el gobierno entrante. La silla de la Presidencia de la República de Colombia sin duda es sinónimo de poder y ambición personal.... también colectiva.
En los medios de comunicación se lee y se oye a los aspirantes a reemplazar a Juan Manuel Santos haciendo propuestas de todo tipo. Son tantas que no alcanza la página para enumerarlas. Usted, amigo lector, ya las conoce. Son las mismas que se han repetido en las últimas décadas: Se va a invertir en una mejor educación, se hará lo posible por bajar, o eliminar impuestos, se trabajará arduamente para generar más puestos de trabajo, más empresa, alimentos más económicos, apoyo al campo, etc. Cada cuatro años es el mismo circo y el mismo pan.
Humberto de La Calle, candidato por el Partido Liberal, está ofreciendo educación pública gratis. Lo dijo en el País de los Jóvenes, de Caracol Televisión. ¿Cuántos candidatos habrán dicho lo mismo en pasadas elecciones? Para mí, vender ideas de este tipo en plena campaña, es netamente populismo abierto. Muy arriesgado. Y en esa misma línea se ha usado a la salud, Justicia, Democracia, cultura, deporte, entre otras realidades.
El problema no es que digan bobadas, el problema es que aún haya gente que las cree.
Nunca cumplen con la mayoría de sus compromisos. Por esto muchos compatriotas (como yo, y muy seguramente usted) no les cree, generando una gran desmotivación electoral. No votar, o hacerlo en blanco se convirtió en la única manera de expresión contra tanta mentira. En la última consulta para Senado y Cámara de Representantes la abstención se mantuvo en un margen similar a la establecida históricamente, el 53 por ciento, según la Registraduría Nacional. O sea, de los 36.493.318 colombianos habilitados para votar, solo 17.445.129 lo hicieron. Eso indica, que un sector importante del país no traga entero. Un puño directo a la quijada de la injusticia y un golpe certero a la barriga del costumbrismo político.
Bueno sería ver, en un futuro cercano, a un ciudadano (mujer u hombre), y su respectivo colectivo, interesados en trabajar y solucionar tanto problema. Digo colectivo porque para llegar al solio de Bolívar se logra por medio de una gran movilización. Y quisiera un presidente o presidenta liderando a este país sobre la intención de una sola política notable: La Educación.
Además, de tener pantalones bien puestos (carácter) para enfrentar y eliminar las mafias (enemigo interno) que desangran al país de múltiples formas. Venda la idea de lograr una patria con hombres y mujeres mega-productivos, más inteligentes, acabando la vieja idea de: el vivo vive del bobo, me hago rico a costa de contratos con el Estado (elefante blanco) y buscar el camino corto porque la trampa es una opción (cultura del dinero fácil). Y por último, un mandatario con un enorme propósito por desarrollar a fondo todos los temas nacionales.
El nuevo Presidente siempre llega con muchas iniciativas pero ejecuta poco.
Necesitamos un Presidente que entienda a la educación como la herramienta ideal para lograr un país feliz. Comprenda la Primaria, Bachillerato y universidad pública deben ser gratis para todo el mundo. Pero con justicia y equilibrio, donde el Estado exija el máximo rendimiento a cada estudiante, y a cada profesor. Obviamente quien no soporte el ritmo pues busque en el sector privado una nueva oportunidad. La educación estatal, departamental y distrital deben parir hombres y mujeres brillantes para la actividad por la cual se inclinen, e impulsen el desarrollo de la nación. Un mandatario que entienda la educación como el motor del Tren del Progreso, que conlleve a una sociedad culta, educada, con amor por el conocimiento, entusiasta de la lectura, la escritura y el arte, generador de cosas brillantes, promotor de ideas que generen prosperidad colectiva, creativo, curioso por todo lo que lo rodea e investigativo. Consciente de la libertad y sus límites, defensor de la Justicia, evocador de la Paz y constructor de democracia. Porque así ganamos todos.
Y digo profesores, porque en ese gremio también existen mafias. Como botón de muestra: muchos colombianos encontraron en el sector de la Educación un escampadero laboral (entre otros males). Necesitamos un presidente que sanee ese Ministerio. Que exija poseer maestros de calidad, conscientes de su misión como educadores y formadores de seres proactivos que aporten a la sociedad. Créame cuando le digo, que gran parte de la realidad del país es culpa de: por un lado el desinterés de los veinte últimos gobiernos por generar proyectos educativos a gran escala, alternativos, encaminados a formar ciudadanos que hagan de Colombia un país competitivo en todos los sectores; hombres y mujeres de mente abierta, reflexivos y críticos de su entorno para que gesten una mejor sociedad. Y por otro lado, culpa de docentes que solo cumplen con su trabajo, y nada más. No siguen preparándose, no se exigen, no le ponen creatividad a su labor, no hacen nada por aportarle a su alumno y a su pueblo. Solo están preocupados por defender su puesto, proteger su antigüedad, luchar por un mejor salario, lograr más beneficios, trabajar menos, tener un carro bueno, bonito y hacer la diferencia, un súper apartamento, una vida acomodada, e ir a México para visitar las ruinas mayas de Chichén Itzá. Pero no entienden, o no les importa ya, la trascendencia vital de su función como pedagogos, maestros y educadores.
No digo que todos los profesores sean así. Hay quienes se esfuerzan por ser diferentes, creativos, inteligentes, buscan formarse mejor para educar bien a otros. Los hay de calidad, como Luis Miguel Bermúdez (mejor profesor de Colombia 2016) quien fue nominado al Global Teacher Prize (diez finalistas), o el Mejor Profesor del Mundo para la Fundación Varkey, por su plan de estudios donde se incluía la enseñanza de la ciudadanía sexual con la cual logró reducir a cero el número de embarazos en su escuela (Colegio Gerardo Paredes, de Suba), donde 70 niñas quedaban en este estado por año.
Entre más educación de calidad lograremos un país más tranquilo y saludable.
Necesitamos un presidente que entienda el valor del Deporte como herramienta para una mejor Educación. Un cuerpo sano para una mente sana. Es innegable que la práctica de una actividad física contribuye a formar buenos y mejores seres humanos, más competitivos (no siempre). Sobre todo por los valores que se logran desarrollar como: la disciplina, constancia, perseverancia, responsabilidad, trabajo en equipo, etc, que impresos desde la infancia darán frutos en el mañana. Aunque reconozco que no todos los seres humanos nacen para mantener una costumbre deportiva como rutina. Estados Unidos, es de los pocos países que apoya y usa el deporte como una política pública. Entiende, es una buena forma de cultivar, impulsar y demostrar la superioridad de su raza. Los Juegos Olímpicos de verano, sin contar invierno, los estadounidenses lo han ganado en diecisiete oportunidades, de treinta y cuatro versiones celebradas desde 1896. Fue el primer ganador. Eso deja claro que ese país sí entienden la importancia de anexar el deporte a la educación. ¿Acaso los gringos no son competitivos en casi todo?
Sin duda el establecimiento ha demostrado una total despreocupación por el deporte. Miran al deportista, y todo lo relacionado a él, con desprecio. Hasta donde mi memoria me ayuda, hemos sido un pueblo pesimista y sumiso de cara a los grandes retos deportivos... y en otros frentes también. Es como si hubiera una política interna, de vieja data, donde se pone en duda las capacidades de los colombianos: el miedo a surgir por mérito propio, a competir, ser los mejores o intentar destacarse en algún tema. Está claro que, es el dinero el principal factor de medición. O sea, entre más plata tenga la persona más inteligente se le considera. Quizá, por esto Colombia tuvo que caminar por el sendero de la derrota y la humillación a causa de los problemas sociales ya conocidos. Sin embargo, y es de aplaudirse, en la última década, el gobierno comenzó a mostrar pequeños brotes de interés por invertir en el deporte de alto rendimiento. Es muy poquito, pero algo es algo. Es un principio de oportunidad. Al menos demuestra una actitud por cambiar la imagen negativa del colombiano en el extranjero. Gracias a esa nueva visión, la delegación nacional ha sumado medallas en las dos últimas justas (Londres 2012 y Río 2016): ocho preseas por cita. Anteriormente se sumaba una o dos por certamen. De las cinco medallas de Oro logradas a la fecha (la primera en Sídney 2000 con levantamiento de pesas (Halterofilia), más que todo gracias a los voluntad de María Isabel Urrutia), tres de ellas se lograron en Río 2016.
Estamos lejos de una doctrina política con base en Educación y Deporte, que vincule a toda la población menor de edad (más de 15 millones según el Dane), como fórmula para soñar a futuro en un país justo, feliz y en armonía.
Por ejemplo, el deporte de barrio no recibe ningún tipo de ayuda.
La Educación como una política de Estado ayudaría a formar seres humanos amigables, tranquilos y sociables. Con una comprensión más amplia sobre el sentido de pertenencia e identidad. Y reduciendo a mínimas proporciones problemas como el narcotráfico, delincuencia organizada, corrupción, machismo, violencia intrafamiliar, etc, etc, y un largo etc.
Nota: Ya lo dijo Pitágoras, el célebre filósofo y matemático griego, dos mil quinientos años atrás: educa a los niños y no será necesario castigar a los hombres.
Apéndice: El pasado 6 de abril se celebró el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz. Así lo dispuso la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el 2013, con el fin de concienciar acerca del papel que el deporte puede desempeñar en la promoción de los derechos humanos y el desarrollo económico y social.
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