Día de la Madre
Feliz día para las mamás lectoras de este comentario. Feliz día para aquellas mujeres que decidieron cumplir con el anhelo de dar vida a otro ser humano. Feliz día a quienes lo están planeando, negocian derechos de autor con su cónyuge, creen hace veinticuatro horas son mamás, fabrican al chinito en este justo momento o están en pleno proceso de dar a luz. Para las que sueñan algún día tener una familia extensa, uno solamente, o están de maternidad. A quienes perdieron a sus hijos por azares de la vida, culpa del terrorismo, falsos positivos o el secuestro. A quienes decidieron adoptar un bebé, un infante, un adolescente o en su defecto un marido perezoso. Que por cuestiones de la naturaleza no podrán concebir pero llevan consigo un corazón de madre. Y/o decidieron estrechar en su seno a un perrito o un gatito pues se negaron a tener hijos, bien sea por: No perder la figura, no quedó tiempo por cuestiones profesionales, son poseídas por un mal temperamento, irascibles, airadas, coléricas, rencorosas, odian a los hombres, tanto niño cerca les pica, o... les dio mamera.
Yo tuve una mamá extraordinaria. Se fue para el cielo hace siete años. Hasta el momento ha sido uno de los seres excepcionales que he tenido el gusto de conocer. Lo digo porque ella, a pesar de no tener formación académica, de no provenir de una familia acomodada y de no formarse en una sociedad ilustre, nació diferente: era una mujer recursiva, imaginativa, inventiva, proactiva, con un corazón amable y bueno como pocos. De sentimientos sinceros y valores notables. Colaboradora, pues sus manos y fuerzas siempre estaban disponibles para quien lo necesitara. Obviamente también poseía sus defectos.
No tuvo esa fortuna, como la vivimos nosotros, sus hijos. Ella, con apenas la educación Primaria a cuestas, desde su infancia comenzó a dar chispazos de un talento importante: Creatividad pura. No se varaba por nada. Un ingenio increíble. De alguna manera solucionaba el problema. Siempre decía: «A buen trabajador no hay herramienta mala». Muchos de los consejos que yo recibí, ella los discernía de: la observación, práctica y constancia: lo que muchos definen como la universidad de la vida.
A mi mamá nunca le dio pereza trabajar. Esa fue la mejor herencia que recibió de su madre. Su infancia, adolescencia y primera juventud son sinónimos de trabajo duro y pesado. Así es la vida en el campo. Así es la pobreza. Quien no vive para sobrevivir... desaparece. Existió como pensó: a toda marcha. Era muy activa. Desde temprano entendió debía dominar un oficio. Se graduó en Corte y Confección, en el Círculo Académico Nacional (Chiquinquirá 1972), y más tarde la Singer Sewing Machine Company le reconoció como experta en TEJIDOS (Bogotá-1981). Le explicaré... mi mamá hacía sacos en lana. Toda prenda hecha con lana e hilos sintéticos. Recuerde amigo lector, apenas con quinto de primaria. Aprendió a tejer y nada la detuvo. Mi papá le compró sus primeras herramientas de trabajo. Una máquina de tejer Singer 305, con un costo de 1.200 pesos. Y una máquina de coser Singer Facilita 242. La verdad, esta última era una reposición, pues años atrás, la abuela mandó a mi papá con una máquina de coser (de mueble de madera y pedal) para su hija, y ya en Bogotá, bajándose de la flota, se la dejó robar el muy bobo. Herramientas con lo cual creó: buzos para colegio y escuela (Públicos y privados), sacos, buzos, guantes, bufandas, medias pantalón que llegaban hasta el ombligo con la cual muchas mamás disimulaban las estrías dejadas por el primer parto, cartucheras para celular, gorros, rodilleras, coderas y hasta calzones para perritas en celo. Son innumerables las prendas y objetos inventados con su maquinita. Inició con unos cuantos conos de lana, un par de vitrinas, más sus aparatejos... una primavera durante treinta años.
Así comenzó una de las historias ejemplares de mi familia.
A esta labor dirigió toda su fuerza: física, espiritual y mental. Un hito, para nosotros, en tratar de superar. Así nos dio alimento, vestido y educación. Se lo debemos. Más mi hermana a quien logró darle UNIVERSIDAD. Yo, como buen rebelde, no quise, yo podía solito, entonces pagué mi carrera. Aunque aún me falta. La máquina de tejer era mecánica, o sea impulsada por las manos. Mamá trabajaba todo el día, hasta altas horas de la noche. Si tenía que repetir diez veces un buzo... lo hacía. Si debía durar todo el día elaborando una prenda complicada por el tipo de puntada, no lo dudaba. Era raro se diera por vencida. Siempre para adelante. En las noches, cuando todo el mundo dormía bajo el arropo del espeso silencio, el ronroneo del ir y venir de la máquina de tejer rompía el mutismo imperante. Con ese susurro dormitábamos. Aún hoy, después de siete años de su desaparición, me asalta en la madrugada el cuchicheo de aquel sonido inconfundible. Me acompaña... me cuida.
Ella se formó con base en: error-análisis-corrección-aprendizaje. Sin duda, así abrió el camino para nosotros.
Ese es el legado que le heredamos: el amor por el trabajo. Aunque desafortunadamente haya gente que no valoró su esfuerzo. Lo digo, porque estamos en una cultura que ama lo fácil y rápido, gente que desprecia el ESFUERZO y el ÉXITO ajeno.
Almacén Merylanas era el nombre de su negocio. Yo aún guardo el letrero, el mismo durante años, ubicado sobre la puerta de su local. Toda una reliquia para mí, pues representa la total entrega a una tarea. Hubo quien me dijo lo botara a la basura, lo desechara. Pero, pienso, no valorar los pequeños detalles que hacen inolvidable a una persona es dar el primer paso para su olvido.
Que si peleé mucho con mamamia... sí, claro... obvio. Ella tenía el mando en la casa. Era la época en que el hombre trabajaba y la mujer se dedicaba al hogar. Mi mamá, en parte se rebeló. Tenía su negocio en casa. Ella mandaba como lo hace un Coronel en un cuartel militar. Se hacía, o se hacía, lo que ordenaba. Mi casa era como un país chiquito. Una Colombia enana. Mamá, sin duda, representaba el gobierno... y la policía... y el ejército... y la fiscalía... Imponía La Ley, el orden y la paz. No se podía mover una silla sin su venia. Mi papá era, algo así, como el sector político: hablaba, discutía, especulaba, imponía leyes pero al rato las tergiversaba, recomendaba fueteras y coscorrones, negociaba la sopa, renegocia el seco, hablaba paja (habla mucha paja) y poco hacía. «Todo el mundo a dormir temprano», ordenaban, al mejor estilo del ex presidente Carlos Lleras Restrepo. Por otra parte, mi hermana... no sé cómo decirlo... pero era algo así como un consejero presidencial. Todos los poderosos tienen al hombro gente quien les habla al oído. Como las minorías detrás del poder. No sigo diciendo más porque seguramente me sale el tiro por la culata. Y yo era la oposición. El tipo... ese... el de la izquierda, el problemático, el de las huelgas, las protestas, bochinchero, el que se robaba el pan escondido en la alacena, el que no quería tomarse la sopa de auyama, coliflor y hacía a un lado esos maricas cubios... esos maricas cubios...!!!, quien violentaba el marranito de los ahorros de la hermanita, el de las mentiras piadosas para justificar un día entero fuera de la casa. El callejero. Quien le generó cólera por las quejas, reclamos y chismes de los vecinos. Bueno, muchas travesuras fueron que sin querer queriendo le provocaron angustias y desconsuelos.
Amigo lector, tenga en cuenta yo era un niño sumamente tranquilo.
Lo importante, es que mi madre nunca, pero nunca, perdió la fe en mí y su familia. Téngalo por seguro.
Así son todas las mamás. Como olvidarlas si son el eje fundamental de nuestra historia.
Solamente me queda decir: la seguiré recordando. Inevitable. Es el mejor ejemplo ha seguir. Estoy muy orgulloso que un ser tan especial fuera mi mamá. Donde se encuentre, espero le permitan leer estas palabras.
Feliz Día de la Madre.
Mua... mua... mua
Nota: Yo peleé mucho con mi mami porque era seguidora de Álvaro Uribe Vélez. Lo veía como a un salvador. Siempre iba en su defensa: con escudo y espada. Y yo, por entonces, era su opositor, además de ser Petrista (hoy no tanto), o seguidor de quien defendiera, con argumentos, los derechos fundamentales de los colombianos pobres, obviamente sin el uso de la violencia y la fuerza bruta. Discutíamos, como dos buenos demócratas, por ello. La hacía vibrar de la piedra. Nos sacábamos chispas.

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