Yo votaré en blanco

Se aproxima una nueva jornada electoral para el país. En marzo se realizarán las votaciones para elegir a ciento dos senadores (cien por circunscripción nacional y dos por circunscripción especial) y ciento sesenta y seis representantes a la Cámara, que integrarán el nuevo Congreso, y en mayo se escogerá el sexagésimo Presidente de la República. Igualmente el decimotercer Vicepresidente. Y cuando se convoca ir a las urnas, y por ende, se enciende el carnaval político, también surgen en la escena los partidarios por el voto a conciencia.

Hay quienes votarán por el continuismo, otros lo harán por los reformistas y algunos no se acercarán a las urnas. En mi caso, la tendencia es a votar en blanco, recurso con el cual hice efectivo mi derecho a opinar en las últimas contiendas democráticas. Sobre todo para Congreso.

Mucha gente cataloga como un error votar en blanco. Obviamente así lo consideran los políticos ortodoxos. En una ocasión, un amigo cercano, tras conocer mi postura sobre este derecho, expresó: «Maestro, eso es quitarle impulso a la democracia». Mi decisión, igual a la de miles de colombianos, es en rechazo a los múltiples escándalos por corrupción, a los pocos y lentos resultados del Congreso y a la degradación de los valores individuales y sociales en un importante sector de la clase política.

No estigmatizo a ningún aspirante a Senado, Cámara o Presidencia. Y mucho menos a los actuales congresistas. Habrán buenos candidatos, otros que no. Dueños de ideas renovadoras y otros que le apuntan a continuar con lo establecido. Quienes desean repetir curul o quien lo buscará por primera vez. Gente de calidad, con sentido crítico y social, y otros que están ahí por negocios. Mire, sin duda habrá gente competente para ser elegido. Imagino que la gran mayoría de los aspirantes son profesionales, con varios posgrados y estudiosos de las problemáticas del país. Hasta Rodrigo Londoño Echeverri, comúnmente conocido como Timoleón Jiménez o Timochenko, es médico de profesión, y con especialidad en cardiología. Pero el problema aquí es... que no se ven resultados. Cada cuatrienio la conclusión es siempre la misma. Presidente tras presidente el país enfrenta los mismos problemas... es como un círculo vicioso. Termina uno por pensar que la pobreza, el desempleo, la delincuencia, la corrupción, la miseria del salario mínimo, el regular estado de gran parte de la infraestructura escolar de la zona rural, las obtusas políticas para revolucionar la educación pública, entre otras dificultades, son temas de mínima importancia.

Hay otro tema que no me gusta del famoso Congreso, como ocurre en otras corporaciones públicas, y es la cantidad de ciudadanos, y colectivos, que se anidaron en el poder. Compatriotas que suman tres, cuatro o cinco periodos consecutivos ejerciendo. Por ejemplo Roberto Gerlein, de Atlántico, retirado el año anterior, ocupó curul en el parlamento por cuatro décadas consecutivas. Pertenece al Partido Conservador. La pregunta es ¿Qué hizo? ¿En realidad aportó alguna cosa a su comunidad? ¿Cuál fue su contribución al país? Imagino, realizaría tareas importantes para que la comunidad que representó lo hubiera mantenido en el poder. Para mí es uno de tantos caciques políticos que se adueñaron de un lugar en el Congreso de la República. Quizá actuó con objetivos personales, quizá con intenciones políticas, quizá con fines sociales. Es inadmisible que un colombiano pueda extenderse en un cargo público por tanto tiempo. Debería limitarse ese derecho. Por ejemplo, ser electo sólo por dos periodos... similar al Presidente de la República. Lo cierto es, le cohibió a otro paisano, seguramente con mejores ideas y propuestas, llegar al Senado.

El concepto que escucho de la gente en la calle sobre el actuar del político y su forma de ejercer es negativa. Se dice, por ejemplo, que aquellos no hacen nada, o hacen poco. Que llegan al Congreso a robar, politiquear, favorecer al clientelismo, proceder al pago de favores, y untar con la famosa mermelada a enemigos y amigos. «Prometen y no cumplen», dijo mi vecina Martha.

Como ciudadano, me queda en la mente que el Congreso de la República además de legislar y crear leyes para el buen desarrollo del país, se usa también para engrasar la maquinaria política de algunos caciques y movimientos politiqueros. Bien sea para proteger el poder económico, el poder social o el poder ideológico. ¿Recuerda usted los nexos entre parlamentarios y paramilitares?

Para mí, los problemas de nuestros políticos y de muchos conciudadanos se basa en la doble moral. Enfermedad anacrónica, endémica y progresiva. Quizá venimos padeciendo toda la vida. Lo irónico es que, para muchos amigos y conocidos, es un mal aceptable y llevadero. Las nuevas políticas en educación que el gobierno Santos quiere institucionalizar están encaminadas a que Colombia, en un futuro, se convierta en el país más educado de América Latina; tal vez, dicha iniciativa controle tan terrible mal.

Los escándalos de los últimos meses, como el sonado Odebrecht, cartel de la Toga, de la Hemofilia y el Sida, dejan entrever la grave situación social, educativa y política que sufre una parte de nuestra Nación. Y hasta se incluye el sector industrial pues los colombianos nos vimos sorprendidos con el actuar del cartel de los arroceros, el cartel del papel higiénico y el cartel de los cuadernos.

El voto en blanco ha tomado fuerza en las últimas elecciones. Es un pequeño rango pero cada vez son más los colombianos que desean el cambio. El no escoger aspirante a Congreso y menos a la Presidencia es válido y tiene un gran significado. El voto en blanco, según la sentencia C-490 de 2011 de la Corte Constitucional, se define como: “Una expresión política de disentimiento, abstención o inconformidad, con efectos políticos”. Es la manifestación del ciudadano común donde expresa su repudio, no solo contra los aspirantes, también frente a las malas prácticas a la hora de hacer proselitismo.

No estoy de acuerdo con los candidatos que aspiran a sustituir a Juan Manuel Santos. No importa que sean liberales, conservadores, de izquierda, centro izquierda, derecha, centro derecha o ex guerrilleros, para mí ellos representan los intereses de una minoría... poderosa. Considero no hacen la diferencia. Ninguno ofrece propuestas alternativas, reales y contundentes que minimicen, de una vez por todas, los principales problemas del país.

Los invito a votar en blanco. Sobre todo a aquellos que no les gusta ejercer su derecho. Que llevan algún tiempo sin acercarse a las urnas. Porque este recurso es una herramienta que puede quitarle espacio a esos ciudadanos que gustan de comprar conciencias, también a los que se dejan comprar, a quienes están interesados en ejercer el poder para darle desarrollo a temas individuales y personales, que intercambian favores con votos, y que pagan con mercados de treinta y cinco mil pesos... por elegir.

Según la Ley, en caso de que el voto en blanco sea mayoría, es decir, 50% más 1, las elecciones deberán repetirse, y los candidatos no podrán ser los mismos.

Colombia necesita un cambio radical, y ese cambalache lo podemos lograr expresando nuestra inconformidad cada vez que nos acerquemos a ejercer el derecho al voto.


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